Estoy encantada de escribir este mi testimonio porque estoy muy orgullosa de
ser vegana, pienso que todo vegetariano debe estar orgulloso de serlo.
Empecé a concienciarme con tan sólo once años, cuando me enteré de que la carne
provenía de animales que mataba el hombre, me ponía en el lugar de ese pobre
animal que al igual que los humanos tienen sentimientos.
Recuerdo cuando un día mi madre me puso un plato con pollo asado y lloré
desconsoladamente ante semejante masacre, luego preparaba verduras y molía
carne para que yo consumiera sin darme cuenta, pero igual me sabía y la
rechazaba, discutí con ella y le dije que tenía que respetar la decisión
ética, que es algo personal y respetable.
Afortunadamente con el tiempo gané el respeto e incluso la admiración por
parte de mi familia, aún siendo ellos carnívoros, yo les he hecho ver que ni
para la salud, ni para mi vida es indispensable comer carne, pues hay otras
formas mucho más sanas de alimentarse; incluso para estar mucho más sana.
Aún así en ese entonces seguía comiendo pescado y mariscos (animales de mar)
porque no tenía conciencia de los peces, eran para mí de una especie rara y
creía que no tenían sentimientos, además me gustaba su sabor.
Dos años después, mientras estaba en un restaurante de mariscos, me puse a
observar unos peces que habían en unas peceras enormes y después de
reflexionar decidí ser ovolactovegetariana, así y todo no me nutría bien,
tenía un descontrol con los alimentos y poca información, sólo comía huevos
fritos, espinacas a la crema, pasta, un poco de verduras hervidas, leche
desnatada, yogures, frutos secos muy pocos como pistachos y pipas, etc.
Así fue como tras un año, comencé a tener anemia, a sentirme mal, incluso a
desvanecerme, mis padres se preocuparon y me llevaron al médico, me hicieron
análisis, se me caía el pelo, estaba muy pálida y con la tensión muy baja. En
esos análisis tenía el hierro bajo, la ferritina también y los valores
normales por debajo de lo ideal. El médico me volvió a mandar tomar pescado
al menos dos veces por semana y un suplemento de hierro que tomaba
diariamente. Así fue como volví a ignorar a los animalitos del mar para no
sentirme culpable y disfrutar del paladar.
A mediados de este año (2004), comencé a relacionarme con mucha gente vegetariana y
me sentía muy mal al tener que comer pescado, así que lo volví a eliminar de
mi dieta, además de los productos lácteos y los huevos, porque estos me
producían vomitos, gastroenteritis y en general afectaban a mi salud.
Yo mientras me estaba informando sobre el veganismo, y poco a poco fui
abandonando todos los productos animales o derivados, también aparte de toda
la buena información que tengo estoy con un médico naturista que me ha
enseñado a comer correctamente, prescindiendo totalmente de hacer daño a los
merecidos seres vivos, mis queridos y respetados animales.
Actualmente soy crudivegana y disfruto cada día de mis comidas, tengo una
muy buena salud, me siento muy bien conmigo misma y muy orgullosa de serlo.
Mi familia respeta mi decisión ética y me respeta a mí, al igual que yo los
respeto a ellos, aunque por supuesto me gustaría que ellos al igual que la
gente que tiene relación conmigo pueda sentir lo mismo que yo, cuando me
siento en la mesa a ingerir mis alimentos y realizar mis actividades
cotidianas.
Disfrutad de buena salud y los animalitos os agradecen por ser veganos,
¡merece mucho la pena!
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